Del diario de Marguerite Yourcenar
No caeré. He llegado al centro. Escucho el latido de un
reloj divino a través del
delgado tabique carnal de la vida llena de sangre, de
estremecimientos y de jadeos.
Estoy cerca del núcleo misterioso de las cosas así como en la
noche nos hallamos, en ocasiones,
cerca de un corazón.
¿Y tú te vas? ¿Te vas?... No, no te vas: yo te retengo... Me
dejas tu alma entre las
manos como si fuera un manto..
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